
Todas no comprendimos el significado que engloba la palabra adiós. Quizás era el final de una era, que en todos los casos, no tenía futuro por la distancia. Y es que la lejanía no solo se refiere a la distancia que existe entre dos cuerpos, sino la que hay entre dos visiones de la vida, entre dos sentimientos, dos corazones. Nunca sabremos cuál de las dos es la más dolorosa; pero sí que ambas nos dejaron el corazón roto.
A pesar de que hemos pronunciado esa palabra nunca pudimos interiorizar que en ese momento renunciamos a aquello que tanto queríamos. Ahí nacieron las esperanzas. El sueño siempre fue, es y será volverlo a ver y reiniciar la relación. Mientras que eso no sucede nos conformaremos con acortar las distancias ya sea comunicándonos por Internet o buscando establecer una relación de amistad.
No es fácil hacerse amiga de una persona a la que quieres como hombre. Tenemos que fingir que todo está bien y tragarnos las frases dulces que antes repetíamos incansablemente. Demostrar nuestros verdaderos sentimientos complicaría más las cosas.
Pasamos de ser la llorona a una actriz profesional. Esbozamos una sonrisa cuando nos cuentan algo de él y cuando nos lo cruzamos, hacemos de cuenta que la vida es una fiesta, que no nos afectó la despedida. Nos vestimos y maquillamos de una manera distinta: más llamativa, más sensual. Todo con tal de enviarle el mensaje de “Estoy bien, por lo que podemos ser amigos ¿no?”
Pero, muchas veces nos damos cuenta de que todos nuestros esfuerzos fueron en vano: él nunca te verá como una amiga. Sientes que su frase “Podemos ser amigos” fue solo un cliché para no sentir culpa por terminar la relación o para dejar una puerta abierta, como me dijo una amiga, ser un chance seguro.
Ese es el riesgo de intentar no perder lo que tanto quisimos. Podemos reencontrarnos con ese amor, pero también morir en el intento. Mientras que estamos en la lucha, las ilusiones nos motivan a seguir hasta el final sin importar cuanto podamos arriesgar, sacrificar y sufrir. Si sabemos que esta “amistad” es un arma de doble filo ¿Porqué mantenemos la esperanza? ¿Es la costumbre o el amor?
A pesar de que hemos pronunciado esa palabra nunca pudimos interiorizar que en ese momento renunciamos a aquello que tanto queríamos. Ahí nacieron las esperanzas. El sueño siempre fue, es y será volverlo a ver y reiniciar la relación. Mientras que eso no sucede nos conformaremos con acortar las distancias ya sea comunicándonos por Internet o buscando establecer una relación de amistad.
No es fácil hacerse amiga de una persona a la que quieres como hombre. Tenemos que fingir que todo está bien y tragarnos las frases dulces que antes repetíamos incansablemente. Demostrar nuestros verdaderos sentimientos complicaría más las cosas.
Pasamos de ser la llorona a una actriz profesional. Esbozamos una sonrisa cuando nos cuentan algo de él y cuando nos lo cruzamos, hacemos de cuenta que la vida es una fiesta, que no nos afectó la despedida. Nos vestimos y maquillamos de una manera distinta: más llamativa, más sensual. Todo con tal de enviarle el mensaje de “Estoy bien, por lo que podemos ser amigos ¿no?”
Pero, muchas veces nos damos cuenta de que todos nuestros esfuerzos fueron en vano: él nunca te verá como una amiga. Sientes que su frase “Podemos ser amigos” fue solo un cliché para no sentir culpa por terminar la relación o para dejar una puerta abierta, como me dijo una amiga, ser un chance seguro.
Ese es el riesgo de intentar no perder lo que tanto quisimos. Podemos reencontrarnos con ese amor, pero también morir en el intento. Mientras que estamos en la lucha, las ilusiones nos motivan a seguir hasta el final sin importar cuanto podamos arriesgar, sacrificar y sufrir. Si sabemos que esta “amistad” es un arma de doble filo ¿Porqué mantenemos la esperanza? ¿Es la costumbre o el amor?







