domingo 19 de julio de 2009

Pero, podemos ser amigos ¿no?


Todas no comprendimos el significado que engloba la palabra adiós. Quizás era el final de una era, que en todos los casos, no tenía futuro por la distancia. Y es que la lejanía no solo se refiere a la distancia que existe entre dos cuerpos, sino la que hay entre dos visiones de la vida, entre dos sentimientos, dos corazones. Nunca sabremos cuál de las dos es la más dolorosa; pero sí que ambas nos dejaron el corazón roto.

A pesar de que hemos pronunciado esa palabra nunca pudimos interiorizar que en ese momento renunciamos a aquello que tanto queríamos. Ahí nacieron las esperanzas. El sueño siempre fue, es y será volverlo a ver y reiniciar la relación. Mientras que eso no sucede nos conformaremos con acortar las distancias ya sea comunicándonos por Internet o buscando establecer una relación de amistad.

No es fácil hacerse amiga de una persona a la que quieres como hombre. Tenemos que fingir que todo está bien y tragarnos las frases dulces que antes repetíamos incansablemente. Demostrar nuestros verdaderos sentimientos complicaría más las cosas.

Pasamos de ser la llorona a una actriz profesional. Esbozamos una sonrisa cuando nos cuentan algo de él y cuando nos lo cruzamos, hacemos de cuenta que la vida es una fiesta, que no nos afectó la despedida. Nos vestimos y maquillamos de una manera distinta: más llamativa, más sensual. Todo con tal de enviarle el mensaje de “Estoy bien, por lo que podemos ser amigos ¿no?”

Pero, muchas veces nos damos cuenta de que todos nuestros esfuerzos fueron en vano: él nunca te verá como una amiga. Sientes que su frase “Podemos ser amigos” fue solo un cliché para no sentir culpa por terminar la relación o para dejar una puerta abierta, como me dijo una amiga, ser un chance seguro.

Ese es el riesgo de intentar no perder lo que tanto quisimos. Podemos reencontrarnos con ese amor, pero también morir en el intento. Mientras que estamos en la lucha, las ilusiones nos motivan a seguir hasta el final sin importar cuanto podamos arriesgar, sacrificar y sufrir. Si sabemos que esta “amistad” es un arma de doble filo ¿Porqué mantenemos la esperanza? ¿Es la costumbre o el amor?

El silencio en mi alma


Andaba el tiempo con todas sus contradicciones por un viejo sendero llamado vida. Todos lo miraban de lejos pero nadie quería viajar a su lado. Cada vez que se acercaba a alguien, éste salía corriendo a gran velocidad. Se acercó a mí y con su mano fría quiso cogerme del brazo. Yo huí. Corría sin saber por qué. Me limité a no mirar hacia atrás. Podía sentir como la adrenalina recorría todo mi cuerpo y esa sensación me daba miedo conforme avanzaba. No sé cuánto corrí ni por cuánto tiempo. Mis pasos se hicieron, cada vez, más pesados. Me costaba avanzar. Mi cabeza giraba como un trompo, mi corazón palpitaba cada vez más rápido…pam, pam, pam, pam…Antes de caer sobre el camino, di una vuelta hacia atrás: todo estaba oscuro. Caí.

No recuerdo nada más desde ese momento, todo es tan confuso. Imágenes, voces, palabras vienen a mi mente perturbándola. Cuando desperté me di cuenta que un hombre sin rostro me velaba. ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Dónde estamos? ¿Por qué me cuidas? Ninguna de mis preguntas encontró respuesta. Insistí una, dos, tres, mil veces; pero solo obtuve un silencio lúgubre. La desesperación se apoderaba de mi. Me levanté, corrí hacia la puerta; estaba sellada. Las ventanas, también. Lloré hasta que mis ojos agotaron sus lágrimas y mi cuerpo volvió a desfallecer.

Aún no despierto. Me encuentro sumida en un largo sueño al que atacan mis fantasmas. Trato de repetir en mi mente una y otra vez esta historia para no caer presa del silencio que hoy vela mis sueños.

Andaba el tiempo con todas sus contradicciones por un viejo sendero llamado vida...

miércoles 18 de marzo de 2009

Cuando sea vieja


¿Alguna vez has caído en cuenta del peso de tu edad? Yo lo hice ayer cuando el otorrinolaringólogo me dijo, durante mi consulta, que ya estaba madurita. Más que ofenderme, el comentario solo confirmó que, ante los ojos de los demás, ya no era vista como la chibola de ciatrices y moretones en las piernas, sino como la señorita achacosa que no sabe andar en tacos (¡Qué horror!)

Cuando uno cumple 20, no falta el amigo/familiar que te dice que a partir de ese año irás envejeciendo velozmente. Luego de algún tiempo te darás cuenta que la profecía se cumplió. La ropa ya no te queda (sobre todo de ancho... ouch!), las arrugas aparecen (y las que tenías se acentúan más) tu cuerpo pierde su firmeza y comienzas a sufrir todo tipo de malestares.

Es en este punto que me pongo a pensar cómo será mi vejez, ¿sola en un triste asilo? ¿llena de nietos a los que consentiré? ¿amargada y aburrida con mi decrépito esposo? Mi madre me da una respuesta apocalíptica: "serás como mi mamá"

Mi abuela no entra en el prototipo de viejita adorable que te prepara dulces y te teje una chompita. Todo lo contrario. No tiene tacto al hablar, es cucufata, está pendiente de tu vida ( por decirlo de manera elegante) y, como toda persona hipocondriaca, siempre trata de llamar la atención con sus malestares. Si es cierto eso de que al ver a tu suegra ves el futuro de tu esposa ¿al ver a mi abuela, veré mi futuro?¿Yo seré así? El solo pensarlo me trauma.

Y si ése es el destino de mi personalidad... ¿qué será de mi cuerpo? Lamentablemente, he tenido la "suerte" de haber visto desnuda a mi abuela y comprobar, en ese momento, que la gravedad es cruel a cierta edad y que no solo nuestros cabellos pierden su pigmentación. Eso es inevitable.

En este punto del post he tenido miedo a envejecer... pero sé que todo depende de mi. Pues bien, me gustaría ser una viejita independiente que regale a sus nietos chiquitos cohetecillos y a los mayores preservativos, que viaje a todos lados antes de estar sentada recordando viejos tiempos, que no tenga ningún remordimiento por lo que no debió hacer y esté feliz por todas las cosas que logró y, sobre todo, que no tenga un esposo al cual cambiarle el pañal.

Soy consciente que mi cuerpo no tendrá un futuro tan optimista como mi posible personalidad, pero espero aceptar el paso (y peso) de los años sin lamentaciones ni vergüenza (entiéndase por pintarme el pelo, vestirme achibolada o andar con un chibolo)

Mientras que eso no suceda, no me atormentaré más con el "fantasma" de mi abuela (de la que heredé la escasez de feminidad) trataré de seguir mi propio rumbo y ya veré, de acá a 50 años, si me convertí en aquella mujer que ansío ser o no. A esperar se ha dicho.

When I'm 64... aquella canción que compuso Paul McCartney (para el gran Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band) cuando su rostro lozano era producto de su juventud y no del botox como ahora.... when he's 66!


domingo 9 de noviembre de 2008

¿Huir o no huir? ¡qué dilema!


Muchas veces me puse a pensar qué se debe hacer cuando estamos enamorados de una persona increíble, pero que tiene una vida complicada (ya sea por su trabajo, estado civil, etc) ¿huir como unos cobardes o quedarnos a ver en qué acababa la película?.

Debo admitir que en ciertas oportunidades salía corriendo escondiéndome en la carrera, otras aposté todo lo que podía ofrecer para ver cuánto recibía a cambio y muchas me quedé con los brazos cruzados viendo como los demás disfrutaban de aquello que añoraba.

Siempre me puse a pensar si era la única desadaptada que actuaba de esa manera y me di cuenta que no. Los demás adoptan cada una de estas posturas dependiendo lo que busquen en ese momento y el marco en el que se desarrollan los hechos.

Y todos tenemos el mismo comportamiento. Al conocer los "problemas", le preguntamos a todos nuestros amigos qué hacer y encontramos diversas argumentos y/o motivos para seguir o no al lado de esa persona.

Un día podemos decir "sí, lo quiero intentar" y al otro nos hacemos los indiferentes cuando ésa persona pasa por nuestro costado. Es una lucha de ideas, de sentimientos que terminan haciendo un corto circuito en nuestra mente... y que nos hacen lucir de un modo lamentable.

Conversando con una amiga sobre el tema, ella llegó a la siguiente conclusión: "si todos dicen que no te conviene, déjalo". Sencillo y efectivo... pero ¿qué ocurre si no hay un consenso? ¿si solo lo conocen por lo que les contamos? ¿apelar a una razón perturbada?

Otro método me lo dio mi madre: "si yo te digo que no te conviene, me tienes que hacer caso" Claro y directo. Si bien es cierto que la experiencia nos da un radar para detectar esta clase de desastres, porqué no pensar que nuestra mamá se puede equivocar, al fin de cuentas la experiencia no implica sabiduría ni ser infalible.

Es por esto que siempre pensé que todo dependía del problema y de cómo nos proyectamos con esa persona. No será lo mismo pasar una noche con un chico que se va del país que hacerlo con un hombre casado y con hijos.

Si huímos, será porque sabemos que no hay oportunidad de revertir la situación y no queremos ser heridos y si continuamos en la lucha (digo esto sin caer en la cursilería) es porque tenemos la corazonada que, a pesar de los problemas, las cosas pueden resultar, como diría una amiga "no tienes nada que perder, pero sí mucha tranquilidad al intentarlo". La decisión queda en cada uno de nosotros.

lunes 27 de octubre de 2008

Señores, hagan sus apuestas


Siempre he pensado que las relaciones amorosas son un juego de poker en el que todos apostamos lo mejor de nosotros (sean cualidades que tengamos o que nos inventamos) con la única esperanza de tener la mejor mano de cartas, aunque en este caso sea el amor o solo el deseo de la otra parte. Pero ¿qué ocurre cuando apostamos mal? ¿cuándo perdemos constantemente? ¿cuándo se nos acaban las fichas para seguir con el juego?

El y ella se conocen de la manera más casual. Conversan, ríen y él cree que es una buena idea pedirle el número para, quien sabe en alguna oportunidad, llamarla y salir. Hace su primera apuesta. Ella, esperando la salida prometida decide darle el número con una sonrisa que asegure la llamada. Pasan los días y ella espera, aunque lo niegue frente sus amigas, a que el se comunique. Mira el correo, ve el celular y nada... se comienza a preguntar qué pasó, si le dio bien el número y más excusas que el ingenio (y neurosis) femenina pueden crear. El cree que ya fue mucho tiempo de espera y que su gran apuesta le dará frutos. Le manda un mensaje de texto como-quien-no-quiere-mostrar-tanto-interés, escogiendo las palabras más adecuadas que no den la impresión equivocada. Ella lee el mensaje y decide no responderle bajo la misma idea del poco interés y dándose tiempo de crear una respuesta creativa y sutilmente coqueta. Responde poniendo alguna excusa para el no salir y proponiendo una próxima salida, en el mejor de los casos. El pierde la apuesta.

Podría volver al juego llamando luego, pero ahora las posibilidades de una salida son las mismas de quedarse en casa. Ella podría comunicarse, dar el primer paso siempre y cuando aún tenga las ganas de pasar la noche con él. ¿Quién debe apostar y qué debe ofrecer? Algunos dirán que él porque "está en falta" o porque "ella no puede mostrar interés, de ahí que él se la puede creer y volver a hacerse el difícil."

Si Ella fuera una de mis amigas, lo llamaría "total no tienes nada que perder". Apuesta mayor. Van a tomarse unos tragos, la noche transcurre y los coqueteos, gracias al alcohol, hacen su aparición. El trata de robarle un beso tomándola de la cintura con firmeza y llevándola hacia él, Ella sonríe y le susurra al oído que se tiene que ir. Aunque no lo diga, Ella también tiene ganas del beso pero su manual de poker le dice "utiliza tu sensualidad para asegurar la próxima salida y controla tus impulsos si quieres ir más allá." En este juego la cautela es la mejor manera de conocer al contrincante y saber qué apostar. O quizá lo sea el perder constantemente, las experiencias de los otros jugadores que terminaron tirados en una de las mesas por aquella mezcla fatal de alcohol y depresión... o de los que, por querer engañar sacando una carta bajo la manga fueron expulsados del juego. Entiéndase por esto último no solo un(a) amante, en este caso, sino las ganas de provocar celos en el otro y demás demostraciones fatídicas de amor y autosuficiencia post-rompimiento.

Las relaciones, sean cual sean su duración e historia, siempre serán un constante juego de cartas. Quizá en un primer momento el premio sea quién decide a dónde ir a comer, pero luego serán cosas más complicadas como el tener hijos o no. Quien gane no solo será quien tenga la mejor mano, sino también quien sepa como concertar con el perdedor y quizá esto sea lo más difícil.

jueves 16 de octubre de 2008

La vida es más compleja de lo que parece



Esta semana Desiderio Blanco dijo una frase que quedó flotando en mi mente: La vida es un discurso complejo.

Cada uno de los elementos que nos rodean se agrupan y estructuran de maneras determinadas con las que nos transmiten ciertos mensajes y sensaciones. Dicho en cristiano (y según lo que entendí) la vida no es una secuencia de hechos establecidos por el azar, sino que todo lo que ocurre tiene un porqué, un motivo.

Es el por-algo-Dios-hace-las-cosas que repiten las viejas beatas o el llamado "plan de Dios" del que alguna vez me habló mi tío devoto de Krisna, el incomprendido de la familia.

Dejando la religión a un lado y la semiología (o semiótica para algunos) por otro y usando la poca experiencia que cada uno tiene podrá entender a lo que me refiero y recordar aquella vez que la vida los sorprendió con su extraña forma de actuar.

Como un amigo que decidió salir un fin de semana para liberarse de sus problemas existenciales y conoció a una chica de la cual quedó prendado, hasta el momento sin saber exactamente que fue. Sintió una fuerte atracción con ella que no se basó, contra lo que muchos pueden pensar en estos momentos, con el tema sexual. Solo le bastó estar con ella doce horas compartiendo para no poderla sacar de su mente. "La vida es extraña. ¿De dónde iba a pensar que esto me iba a suceder?" me dice ilusionado.

Nadie sabe el cuándo, dónde y porqué... la vida es incierta. Un día podemos estar trabajar como un burro y al siguiente, pateando latas en la calle; mirar a una persona con indiferencia y luego sentirte nervioso con su sola presencia. Nadie sabe el cómo ni qué causa las cosas que vivimos, solo actuamos frente a lo que la vida nos ofrece, ya sea encogiéndonos de hombros al ver cómo las oportunidades se nos escapan o siguiendo la filosofía del salmón: nadando contra la corriente.

La vida es insistente cuando no hemos aprendido lo que nos enseñó, e injusta cuando no vemos más allá de nuestras narices todas las buenas oportunidades que se nos presentan. Es arriesgarnos cuando debemos y quedar en silencio a pesar contra lo que se quiere.

Cuando mi amigo me contó lo que le había pasado, recordé a X. Lo conocí durante una accidentada comisión de Palacio de Gobierno. No me había dado cuenta de su presencia cuando él me susurró al oído el nombre de uno de los alcaldes que estaban en la reunión. Mi primera reacción fue decirle gracias e irme de su lado. A pesar de mi inexperiencia laboral, sabía de sobra la triste costumbre de algunos periodistas por gilear a las chicas nuevas. Paso.

El caprichoso destino hizo que nos volvamos a ver ese mismo día y en otras oportunidades en las que nos pasamos conversando de nosotros y riéndonos de los demás (entiéndase políticos y colegas) La química se podía sentir. De regreso de una de las comisiones me pidió mi número y invitó a salir, pero nunca lo hicimos (del verbo realizar) Nos volvimos a ver dos veces más en su trabajo cuando aplicaba por un puesto que obtuve cuando él ya no estaba ahí y cuando mi vida comenzaba a complicar.

Nunca sabré porqué X llegó a mi vida a ocupar un papel de reparto y no uno protagónico ... y si algún día lo podrá hacer o si alguien le robará el puesto, lo único que puedo asegurar es que está en mi vida como un ameno recuerdo con lo poco que supe y que sabré de él.

Canción que le da el título a este post, a cargo del grande Jorge Drexler.


domingo 21 de septiembre de 2008

No lo digas










Hay ciertos momentos en los que lo mejor es guardar silencio y simplemente ser un observador. Llámelo cobardía o ineptitud, pero a veces es mejor dar un paso al costado que decir lo primero que pensamos guiados por el mero impulso de nuestros sentimientos.

No lo digas, no lo mires, no lo sientas, no lo pienses es una manera de alejar de nosotros eso que nos hace humanos, que nos vuelve vulnerables a lo que podemos sentir, a aquello que solo nosotros podemos conocer, mas no descifrar. Es aquí donde aprendemos a controlar nuestros impulsos y a no traicionar a los demás y a nosotros mismos.

Y es que cuesta mucho encontrar la forma de expresar lo que sentimos sin hacer daño al otro, sin complicar las cosas. Aquí nos pasamos las horas, los días, los meses tratando de reproducir aquello que no entendemos, pero que sentimos...¿pero será lo que en verdad queremos?

Mientras que lo decidimos tenemos que aprender a vivir con la palabra atorada en la garganta, tratar de pensar en otra cosa y de no perdernos en la misma mirada. Es mejor no decir nada. ¿Cobardía? No, disimular y hacer de cuenta que no sucede nada cuando nos encaramos con la realidad es una virtud, no saber hacerlo sí lo es.

Yo no sé fingir, por eso se lo dije a pesar de no estar segura de hacerlo. Esa tarde él interrumpiría la inmensa construcción de palabras que me ayudarían a no estropearlo y a expresar aquel sentimiento tan confuso que habitaba en mí . ¿Porqué me lo dices? Hubiera preferido no saberlo serían sería lo único que él diría y que se me quedaría grabado como el fin de aquello que había entre los dos. En ese momento pensé por qué le dije lo que sentía, pero hoy me pregunto qué hubiera pasado si nunca lo hubiera dicho... quizá seguiría con él, pero algo dentro de mi se hubiera perdido. Callar a veces nos aleja del fracaso, pero otras nos encierra en la infelicidad.

Contar la verdad a veces es necesario como en Closer, cuando el personaje de Julia Roberts (Ann) le cuenta a Larry,su esposo, que le fue infiel y él, como todos, quiere detalles.